Es verdad que la promesa se centra en la Tierra Prometida, más allá del Jordán, pero el desierto tiene un significado fundamental para Israel. Dicho en forma llana y poética, podría decirse que los cuarenta años de travesía por el desierto constituyen el viaje de novios de Dios-Esposo con su Esposa. Los símbolos de la nube y de la tienda no dejan lugar a dudas. En el desierto, los Esposos aprenden a conocerse y a amarse en una intimidad que se plasma en esa presencia constante de Dios en medio de su pueblo: una nube les acompañaba siempre a lo largo de toda la travesía; es más, era la nube la que marcaba el rumbo y el ritmo de marcha, posándose sobre la Morada o Tienda del Tabernáculo.
Tanto los profetas como los justos de Israel comprendían esta dimensión íntima y profunda: una presencia de Dios en el corazón del creyente. Especialmente, durante los años del Exilio, en el que fueron despojados de todo, los justos descubrieron que la Alianza era su única y verdadera identidad.
Jesucristo se presentó muchas veces como el Esposo, pero no ya de un pueblo únicamente, sino de toda la Humanidad. Su Nueva Alianza se comprende ahora a la luz de la Encarnación: "El Verbo se hizo carne y puso su morada entre nosotros". En la Encarnación se han iniciado las Nupcias de Dios con su Esposa, que es la Iglesia (es decir, la humanidad redimida y creyente).
Para entender las imágenes nupciales empleadas por Jesús se hace indispensable comprender las costumbres o tradiciones de la época. Como en muchos otros pueblos, las bodas se celebraban en dos fases.
Los esponsales constituían el pacto jurídico en virtud del cual la esposa era entregada a la familia del marido, de manera que surgía mucho más que el simple vínculo que hoy conocemos como noviazgo, ya que los esponsales eran vinculantes. La esposa pertenecía ya a su esposo. La prohibición del adulterio comenzaba ya a partir de ese momento.
Las nupcias propiamente dichas se celebraban en la segunda fase, cuando la esposa era llevada a la casa del esposo. La palabra ahora no significa mucho para la mentalidad moderna, pero en aquella época esta íntimamente relacionada con el acto consumativo del matrimonio. En efecto, nuptias es participio verbal del verbo nubo, nupsi, nuptum, que significa cubrir. La nube, la tienda, el velo y el mismo acto conyugal se usan en este sentido: los hombres nubunt (cubren) y las mujeres nubuntur (son cubiertas).
Aunque la unión de Dios con la Humanidad se haya realizado ya de una vez para siempre en la Encarnación, puesto que ya a partir de ese momento Dios se ha hecho hombre y ha asumido nuestra naturaleza humana y nuestro destino para la eternidad, sin embargo, las nupcias sólo se producirán al final de los tiempos cuando "Cristo sea todo en todos" y nos consume el amor del Esposo con la Esposa.
Jesucristo, el Esposo, ha venido a la Tierra a contraer un Pacto por el que se compromete. Después ha marchado a su Casa, pero ha de venir a buscar a su Esposa para llevarla con ella. La parusía es el cortejo nupcial en el que el Esposo y la Esposa ingresan en el tálamo en el que su Amor será eterno y nunca conocerá ocaso.

Muy bella y profunda enseñanza, la cual nos llena de sumo gozo ya que nos hace partícipes activos de esa unión que sobrepasa todo entendimiento.
ResponderEliminar